Caucasia. Elbrus.

Y cada cual con su avería y no formando uno bueno entre todos y entre todos formando un equipo excelente, llegaron las Montañas Rusas.
Carentes estas de propulsión mecánica tuvimos que dar el Do de pecho a ritmo de nuestro guía, amigo y enamorado de las cuestas arriba Ivan Moshnikov.

Y llegaron las mañanas, mas bien las noches y a las 4am en pie para a las 5 estar andando.“-¿Oye, alguien ha visto mis guantes?, mis pieles no pegan. ¿Quién tiene cacao? ¿Llevas activado el ARVA?”. Ivan desesperaba.

Ha sido un baile precioso por el Cáucaso. Apenas sabíamos que música sonaría. El compás exigía subir al Palacio del Elbrus, dama elegante de vestido blanco, pero un poco egocéntrica para nosotros. Su guardián Eolo nos mandó de un soplido a las salas de baile populares, donde se brindaba con cerveza e increíbles y anónimas palas de nieve virgen nos esperaban para danzar.

Y entre una y otra aventura llegó el Rey Hipster, el pasaporte a golpe de Kalasnikov, una avalancha, otra, una más. Pásame la manopla que se me can los dedos, Ivan ve tirando que vamos de recto.

Y descubrimos lo fácil que es mear en un bote, y la hospitalidad de mama Marian a 4000 metros. Intensivo de KickTurn, Vicente cuidado con el saco, Five minute to start, la north face, y lo profundo que se puede enterrar una GoPro.
Llegaron los órdagos y la revolución rusa ¡Venceremos!. Veo-Veo ¿que ves?, se me congelan los pies. Y al llegar a correr en el maratón. Que solo sabes lo que te pierdes cuando lo vives.

Por todo ello, por lo que se nos olvida, por lo que nos queda y por todo lo que viene, agradecemos al Universo por unir a 4 danzarines y darles la licencia para dibujar líneas sobre su manto nevado. FUERZA NEPAL!!

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