Colmenas

         Colmenas nace como un grito ante las dudas personales sobre nuestro futuro como civilización. Es un ejercicio de reflexión acerca de nuestras ciudades y el modo en que las vivimos. Es la búsqueda de respuestas ante preguntas como: ¿Qué ha sucedido con nuestro espacio urbano? ¿Cuál es nuestro grado de libertad si nuestra elección se reduce a vivir hacinados en pisos diminutos?

Actualmente, en la mayoría de las ciudades gastamos más del 70% de nuestro tiempo en desplazarnos y trabajar en aquello que en la mayoría de los casos no nos gusta. ¿Qué sucede para padecer de insomnio y después caer rendidos entre estaciones en el metro? ¿Vivimos sonámbulos? ¿Estamos realmente despiertos? Quizás hemos aprendido a poner en modo automático a nuestro organismo y sencillamente nos transportamos en un estado de letargo constante.

Para ello, Colmenas muestra los retratos de gente durmiendo en los vagones del metro, camino de su trabajo, y de los edificios de viviendas donde se alojan. Todo esto se combina con dibujos y frases de niños y niñas de 10 años que contestaban a la sencilla pregunta de cómo serán las ciudades del futuro.

Como resultado se han obtenido un conjunto agobiante de imágenes que, aún siendo reales, nos pueden transportar a una hipotética ciudad futura . En estas urbes los seres humanos salen de sus cuerpos para trabajar y vuelven a ellos por la noche, como sonámbulos listos para cobijarse en sus auténticas celdas mal llamadas hogar. El mensaje se ve reforzado al intercalar dibujos de chavales de 10 años, que siendo ellos representantes de la esperanza, no dudan en incluir dibujos en los que reina la artificialidad, el consumo y la necesidad de vigilancia constante.

Cada ser vivo de este planeta se adapta al entorno. Es un requisito darwiniano para seguir viviendo. Al igual que el leopardo se camufla en la sabana, ¿estaremos adaptando nuestro cuerpo a las peculiaridades de las ciudades? ¿Seremos cada vez más cemento y menos tierra?

Como ciudadano en el sentido estricto de la palabra, me siento motivado a resolver mi paradoja personal de transitar como una abeja más por estas ciudades en las que he crecido y por otro lado tener una sensación de ahogo por todo lo que estas urbes conllevan.

Se trata de ciudades superpobladas, casi apocalípticas, edificios donde viven miles de personas, pero en los que apenas conocemos a nuestros vecinos. Casas de veinte metros cuadrados. Túneles por los que viajan miles de “abejas” al son del traqueteo del tren, un día más, y otro… La interacción con el resto es mínima, cada cual a su cometido, rápidos, anónimos. Estado sonámbulo. Te despiertas. Bloque E, piso 49. Trabajas, mal duermes. Un día menos. Formamos parte de estas comunidades donde es frecuente sentirse solo rodeado de gente.

Colmenas pretende cuestionar el sistema organizativo llamado ciudad en el que vivimos 3.500 millones de personas en el mundo, los valores que promueve, así como el carácter impersonal de las mismas.

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